Todas las Alicias tenemos
Nuestro propio “País de las maravillas”
Y todas necesitamos
Adentrarnos en él
Para poder seguir
Con nuestras vidas.
Todas caímos por el oscuro hueco del árbol
Y anduvimos perdidas, cayendo,
Hasta encontrarnos.
Al principio tuvimos
Que encoger mucho
Para poder conocernos de nuevo,
Para poder entrar en nuestro propio mundo
Y construir nuestro ego.
Allí cada una se encontró
Con su propia realidad
Inacabada,
Con sus propios monstruos que matar,
Y con el conejo del reloj
Nos avisaba
Con una historia parada.
Nada más empezar a andar
Todo el mundo dudaba de nuestra identidad,
Y un guano azul y feo
Nos decía al otro lado de la mesa
“Tu aún no eres del todo Alicia
Pero si te esfuerzas lograrás ser ella”.
Así que tuvimos que conocer
A nuestra propia Reina Roja
Y descubrir que a veces podemos ser
Muy malvadas y cabezonas,
Y que de tanto rabiar se nos queda pequeña la corona,
Y que por eso cortamos, sin piedad,
Las cabezas de otras personas.
Tuvimos que aprender a perdonar,
No sólo a los demás
Sino a nosotras mismas,
Tomar la responsabilidad de nuestros actos
Y hacemos esta vez enormes y altísimas.
En pocas zancadas,
Pero con muchos esfuerzos,
Reconocimos también
A nuestra Reina Blanca.
La chica perfecta
Tan dulce y simpática
Tan buena, tan lista, tan delgada.
Admitimos, no sin cierta vergüenza,
Que ansiábamos ser así de perfectas.
Y luego nos reímos
De nuestros sueños tontos,
De castigarnos tanto
Por lo que pudieran pensar los otros.
Y aprendimos a decir NO
Si la ocasión lo requería,
Y así dejamos de demandar y depender
Para ser nosotras mismas.
Volvimos, por tanto,
A recobrar nuestra altura,
Y claro,
Con tanto salto, y tanta locura
Perdimos por el camino
A más de uno y a más de una.
Desde luego dolió mucho despedirse de esa gente,
Y errar aquella etapa.
Para nacer diferentes.
Y nos sentimos muy solas;
De soledades se nos llenó la mente.
Pero aprendimos que la soledad
no es estar sola,
sino estar con una misma,
simplemente.
Así, con menos voces alrededor
Y un par de dedos de frente,
Encontramos a nuestra propia niña
Perdida en el bosque, a su suerte
Llorando, aturdida y gritando muy fuerte
Para que alguien la salvase
Y la cuidase por siempre
Nos acercamos a ella
Y la abrazamos
Y susurrando al oído
Le explicamos
Que aunque se hubieran perdido
Ahora estábamos con ella
Y la guiaríamos por el buen camino
Para nunca más perderla
El gusano se convirtió en crisálida
y con picardía, pero sin malicia
nos dijo, entre otras cosas,
que así como la crisálida
se vuelve mariposas,
nosotras éramos ya
casi – casi Alicia.
Y entonces supimos
Que había llegado el momento
De enfrentarnos, espada en mano
A nuestros mayores miedos.
Justo antes de enfrentarnos a la fuera
Giramos hacia atrás nuestras cabezas
Y aún sabiendo que debíamos hacerlo solas,
Tuvimos la certeza,
De que todo aquel que nos hubiera querido
O nos quisiera,
Se quedaría bien cerca.
Con la inteligencia de nuestra Reina Blanca
Trazamos la estrategia.
Con la crueldad de nuestra Reina Roja
Cortamos a los monstruos la cabeza.
Y cuando el conejo nos dijo que el reloj
Había vuelto a ponerse en hora,
Abrimos las alas, como una mariposa,
Y resurgimos, hermosas, por el hueco del árbol,
Brillando, esta vez sin miedo, brillando.
Sí algo sé ahora
Que antes no sabía
Es que todas las Alicias tenemos
Nuestro propio “País de las maravillas”
Y que nosotras, en concreto,
Hemos compartido
Como un cuaderno de Bitácora,
Cada lucha, cada miedo y cada reto.
Y que cada una, en general,
Cada una con la chispa que le hace especial,
Hemos ido aceptando
Que de vez en cuando
Podríamos caer de nuevo
Por el hueco del árbol.
Y que ahí estaremos,
Codo a codo,
Sea como sea
Y a nuestro modo,
Compartiendo vida,
Y creando sueños,
Y pisando fuerte,
Y creyendo en ellos.
Garazi Aguirre Maqueda 29/05/2010
Para Mila, Edgar,Olivia y todas
las compañeras de Acabe. ¡Muchas gracias por todo!
Garazi Aguirre Maqueda